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Asocian contaminación en el embarazo con más riesgo de TDAH y autismo

Exponerse a la contaminación atmosférica durante el embarazo podría provocar alteraciones en el cerebro del bebé, que aumenten el riesgo de que desarrolle trastornos como autismo o déficit de atención e hiperactividad.
Escrito por: Caridad Ruiz

08/11/2019

Embarazo y contaminación más riesgo de autismo y TDAH

Diferentes estudios han señalado que la contaminación del aire podría afectar negativamente a la formación de los órganos del feto y a las funciones cognitivas de los niños, y un nuevo estudio publicado en Environmental Research ha relacionado la exposición de la madre en el embarazo a las partículas finas en suspensión (PM2,5) que se hallan en la contaminación de las ciudades, con el tamaño del cuerpo calloso del cerebro del bebé y el riesgo de que desarrolle trastornos de déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y del espectro autista (TEA).

El cuerpo calloso es un conjunto de fibras nerviosas que se encuentra en lo más profundo del cerebro y que conecta los hemisferios derecho e izquierdo. En el embarazo se empieza a desarrollar a partir de la 10ª semana de gestación y hacia la 18ª-20ª semanas está formado. Algunos estudios han relacionado una disminución del volumen del cuerpo calloso con TDAH y autismo.

Un aumento de 7 µg/m3 en los niveles de partículas finas se relacionaba con un cuerpo calloso más pequeño –un 5% menos del volumen medio– en los niños

El estudio forma parte del proyecto BREATHE, y se ha llevado a cabo en el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), centro impulsado por La Caixa. Para la investigación se analizó a 186 niños de entre ocho y 12 años de 40 escuelas de Barcelona, a los que se sometió a resonancias magnéticas. Además, sus progenitores y profesores tuvieron que rellenar unos cuestionarios informando sobre el comportamiento de los pequeños.

Para conocer el nivel de partículas finas en suspensión se tomaron datos del proyecto European Study Cohorts for Air Pollution Effects (ESCAPE) en el periodo de tiempo en el que discurrieron las gestaciones de los niños participantes. Según la autora principal del estudio, Marion Mortamais, se centraron en el embarazo porque en este periodo del desarrollo infantil los daños provocados por la polución en el cerebro podrían ser irreversibles.

Los niveles de polución no excedían los límites marcados por la UE

Los resultados del estudio revelaron que un aumento de 7 µg/m3 en los niveles de partículas finas se relacionaba con un cuerpo calloso más pequeño en los niños, casi un 5% menos del volumen medio. Además, los chicos con un menor tamaño de esta estructura cerebral mostraron mayor hiperactividad.

Según Jordi Sunyer, director de la investigación y jefe del programa de Infancia y Medioambiente del ISGlobal, los hallazgos de esta investigación resultan preocupantes, sobre todo porque los niveles de partículas finas encontrados no exceden los 25 µg/m3, que es el límite establecido por la Unión Europea.

El siguiente paso de esta investigación va a ser analizar el cerebro con imágenes obtenidas antes y después del nacimiento, y evaluar la exposición de manera individualizada a través del Proyecto BiSC. Se trata de un estudio que se lleva a cabo en Barcelona, en el que colaboran ISGlobal y los hospitales Sant Joan de Déu, Clínic y de la Santa Creu i Sant Pau y la Universidad de Barcelona, y que precisa de la participación de unas 1.200 embarazadas voluntarias. Las interesadas pueden solicitar información en http://www.projectebisc.org/es/inicio/.

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