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Ingerir mucha fructosa durante el embarazo podría afectar al feto

El consumo de fructosa durante el embarazo podría tener consecuencias en el feto, causando estrés oxidativo en plasma e hígado, además de afectar al correcto estado de la placenta, según un estudio del CEU San Pablo.
Ingerir mucha fructosa durante el embarazo podría afectar al feto

Los fetos tenían en el plasma y en el hígado unos altos niveles de oxidación por el abuso de fructosa de la madre.

22 de Septiembre de 2017

El consumo excesivo de fructosa, un conocido edulcorante utilizado habitualmente por la industria alimentaria en las bebidas azucaradas y los alimentos procesados, ha sido vinculado por diversas investigaciones con la aparición de determinadas enfermedades convertidas ya en pandemias del siglo XXI como la obesidad y la diabetes. Los efectos de una ingesta elevada, en el caso de las mujeres embarazadas, también pueden acabar afectando a la descendencia.

Así lo han constatado ya varios estudios, como uno llevado a cabo por científicos españoles en 2013, que comprobó como el consumo de fructosa por parte de las madres “podría condicionar la respuesta biológica de las crías ante el ayuno o la obesidad”. Más recientemente, en este mismo 2017, otra investigación relacionaba el abuso materno de productos azucarados ricos en fructosa con el aumento del riesgo metabólico en los hijos.

Además de provocar estrés oxidativo hepático en los ratones embarazados, el consumo de fructosa se relacionó con altos niveles de oxidación en el plasma y en el hígado de los fetos

Ahora un nuevo estudio llevado a cabo por expertos de la Universidad CEU San Pablo y publicado en la revista Molecular Nutrition & Food Research ha vuelto a incidir en los efectos negativos del consumo de fructosa por parte de las mujeres embarazadas en su descendencia, pero también en la placenta durante la gestación.

Investigación sobre los efectos de la fructosa realizada con ratones

Para llevar a cabo el estudio, los autores dividieron a los roedores en tres grupos. En el primero de ellos los ratones bebieron durante todo el proceso de gestación una solución de agua que contenía fructosa. En el segundo, el agua fue mezclada con glucosa. Mientras que el tercero solo bebió agua. Todos los grupos siguieron la misma dieta, para que de esta forma la bebida fuese la única referencia.

Con los resultados en la mano, los científicos comprobaron que, además de que el consumo de fructosa provocó estrés oxidativo hepático en los ratones embarazados, también tuvo efectos en los fetos, que mostraban en el plasma y en el hígado unos altos niveles de oxidación. En el caso de la placenta, presentaba de la misma manera claras muestras de estrés oxidativo, además de un descenso en la cantidad de hemo oxigenasa 1 (HO-1), un reconocido agente antioxidante cuya presencia en correctas proporciones ayudar a evitar el surgimiento de complicaciones durante el embarazo como podrían ser, entre otras, la preeclampsia o los nacimientos prematuros.

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'Fuente: 'Universidad de Stanford y Escuela de Medicina Baylor (Estados Unidos)''