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Las pesadillas nos preparan para enfrentar mejor los miedos reales

Tener pesadillas podría ser la manera que tiene el cerebro de prepararnos para reaccionar mejor ante una situación que provoque la misma sensación de miedo y ansiedad en la vida real, según un reciente estudio.
Escrito por: Natalia Castejón

26/11/2019

Mujer teniendo pesadillas

Un grupo de investigadores de la Universidad de Ginebra (Suiza), los Hospitales Universitarios de Ginebra y la Universidad de Wisconsin (EE.UU.) podrían haber dado con la razón de porqué a veces tenemos pesadillas por las noches, y según exponen, no es más que una manera que tiene el cerebro de entrenarnos para afrontar mejor el miedo, por si se da una situación similar en la vida real una vez estemos despiertos.

Para llegar a esta conclusión, que ha sido presentada en la revista Human Brain Mapping, los autores se preguntaron si los malos sueños tenían un propósito real, y para hallar la respuesta realizaron una electroencefalografía de alta densidad (EEG) con 256 electrodos a 18 personas, a las cuales se les midió la actividad cerebral mientras dormían, además de responder a una serie de preguntas cuando se despertaban en mitad de la noche, como si recordaban el sueño y si habían sentido miedo.

La corteza prefrontal medial, que inhibe a la amígdala en casos de miedo, aumento su actividad en proporción a las pesadillas sufridas

Los análisis de todos los resultados mostraron que cuando los participantes percibían miedo había dos zonas cerebrales que se activaban, la ínsula y la corteza cingulada. Según explica Lampros Perogamvros, uno de los autores del estudio, la ínsula tiene la tarea de evaluar las emociones y se activa cuando se presenta una situación que provoca terror en el individuo. Por otra parte, la corteza cingulada prepara las reacciones motoras y la conducta en un posible caso de amenaza.

Las pesadillas como simulacro de actuación

Además, también encontraron que cuantos más sueños que generaban miedo había tenido una persona, menos se activaba el cíngulo, la ínsula y la amígdala al mirar imágenes negativas y que la actividad de la corteza prefrontal medial –que es capaz de inhibir a la amígdala en situaciones de terror– aumentó en proporción al número de pesadillas, por lo que respondía mejor ante las amenazas.

Todo esto viene a indicar que nuestro cerebro utiliza las pesadillas como una forma de entrenamiento, un simulacro para que sepamos cómo actuar en la vida real ante otras situaciones que nos provoquen terror. Esta revelación podría allanar el camino para nuevos métodos terapéuticos basados ​​en los sueños para combatir la ansiedad.

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