Labio leporino, cómo evitar esta malformación
El labio leporino o fisura labial es uno de los defectos congénitos más frecuentes, y afecta a uno de cada 500 bebés recién nacidos. Los suplementos de ácido fólico, antes y durante el embarazo, ayudan a prevenirlo.

Diagnóstico, tratamiento y prevención del labio leporino

Dr. Alfredo Tagarro

Por: Dr. Alfredo Tagarro

Pediatra en el Hospital Infanta Sofía de Madrid

Actualizado: 21 de junio de 2024

La fisura labial puede ser unilateral o bilateral. La gravedad es variable, y puede ser desde pequeños defectos casi imperceptibles por debajo de la piel, hasta defectos importantes que comienzan encima del labio, progresan hacia atrás, e incluyen también defectos en el paladar. Es lo que se llama labio leporino con paladar hendido, o fisura labio-alveolo-palatina (FLAP).

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Cómo se diagnostica el labio leporino

El diagnóstico prenatal de la fisura labial se lleva a cabo en el segundo trimestre de embarazo, a través de la ecografía de rutina. El diagnóstico del paladar hendido con la ecografía bidimensional estándar es más difícil, aunque hay algunas pistas como movimientos anormales de la lengua. Con la ecografía tridimensional es más fácil confirmar el diagnóstico.

El impacto emocional de la fisura labial y el paladar hendido ha hecho que haya sido considerado como un motivo para la interrupción del embarazo. Este asunto está sujeto a gran controversia pues, hoy por hoy, es una enfermedad grave pero no supone una amenaza para la vida del feto, del bebé o de la madre.

Cómo tratar la fisura labial

Los niños con fisura labial suelen necesitar varias cirugías durante sus primeros años por parte de cirujanos maxilo-faciales o plásticos, otorrinolaringólogos y dentistas. El objetivo principal del tratamiento es cerrar la abertura en el labio y, si es necesario, también corregir la nariz y el paladar afectados. La primera cirugía de cierre (queilorrinoplastia) se suele hacer en el segundo trimestre de la vida del bebé. El objetivo es restaurar la apariencia del labio y mejorar la función respiratoria, así como la alimentación y el habla. Se pueden aprovechar las primeras cirugías para colocar tubos de drenaje timpánicos que ayudan a evitar las otitis.

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En algunos casos, puede ser necesario realizar cirugías adicionales en etapas posteriores para mejorar la apariencia y función del labio y la nariz (cirugía nasal para mejorar el aspecto de las fosas nasales) o dentales (injerto óseo alveolar –para reparar la fisura o la muesca de las encías– o cirugía ortognática –para realinear las mandíbulas y los dientes–). Estas cirugías adicionales, si son necesarias, se planifican de acuerdo con el crecimiento del niño y sus necesidades específicas. 

En caso de fisura palatina, es decir si la fisura también involucra el paladar, generalmente se realiza una cirugía (palatoplastia) para cerrarla entre los 9 y 18 meses de edad del bebé. Esto ayudará a mejorar la alimentación, el habla y evitar problemas dentales en el futuro.

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Después de la cirugía, es posible que el niño necesite terapia del habla, terapia ocupacional u otros tratamientos para abordar problemas relacionados con la fisura, como el habla y la alimentación. Por supuesto, se deberá seguir monitoreando su desarrollo y abordar cualquier problema adicional que pueda surgir. Con el tratamiento y el apoyo adecuado, la mayoría de los niños con fisura labial pueden llevar una vida plena y saludable.

Prevención del labio leporino

El conocimiento de las bases genéticas puede llevar a prevenir el labio leporino o la fisura labial a través del consejo genético. Las investigaciones sugieren que tomar suplementos de vitaminas con ácido fólico antes del embarazo y durante el embarazo previene el labio leporino, igual que previene otros defectos del tubo neural.

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La prevención tiene especial importancia en familias que ya tienen algún caso, sobre todo si alguno de los padres tuvo fisura palatina. En estas familias, los suplementos de ácido fólico podrían disminuir los casos hasta menos de la mitad. Es importante destacar que el ácido fólico es el único folato que ha demostrado su eficacia en la disminución de los defectos del tubo neural y que otras formas de folato, metilfolato o sus marcas comerciales no han demostrado eficacia en este contexto. Suplementar con 400 microgramos diarios de ácido fólico desde tres meses antes de la concepción y durante el embarazo disminuye eficazmente la incidencia de este tipo de malformaciones.

También es importante evitar durante el embarazo el consumo de alcohol, tabaco y otras drogas, ya que pueden aumentar el riesgo de que ocurran malformaciones congénitas de este tipo.

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Existen guías detalladas para padres, como la del Gobierno de Navarra, que pueden ayudar a entender la enfermedad y el proceso de tratamiento. 

Creado: 18 de noviembre de 2013

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