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Reflujo vesicoureteral en niños
El reflujo vesicoureteral es un problema congénito en el aparato urinario de bebés o niños que provoca desde infecciones de orina frecuentes o cistitis a problemas renales. Te contamos cómo identificarlo y medidas para manejarlo.
Escrito por Dra. María Teresa Romero Rubio, Pediatra

Síntomas y diagnóstico del reflujo vesicoureteral en los niños

Actualizado: 27 de septiembre de 2019

El reflujo vesicoureteral en sí mismo no produce síntomas, pero una de sus consecuencias, al dar lugar al estancamiento de la orina, es la mayor predisposición de los niños que lo sufren a presentar infecciones del tracto urinario (ITU).

En las infecciones de orina de vías bajas (cistitis) los síntomas son escozor al orinar, sensación de micción incompleta, dolor abdominal bajo… Siempre sin fiebre. Las cistitis se diagnostican mediante análisis de orina y suelen curar sin problemas con antibiótico oral. En el caso de que haya un reflujo vesicoureteral como base predisponente, las cistitis suelen ser de repetición, y acaban dando lugar a infecciones de vías altas.

Las infecciones de orina de vías altas (pielonefritis) son cuadros más graves que cursan con fiebre, dolor de espalda (en la zona correspondiente al riñón), mal estado general… El diagnóstico también se hace mediante análisis de orina y analítica de sangre, y cuando hay mucha afectación en los niños suele requerir el ingreso del paciente para administrar el tratamiento por vía intravenosa.

En los casos más graves de pielonefritis, o cuando éstas se repiten en el tiempo, es probable que aparezcan cicatrices renales, zonas del riñón que no pueden realizar adecuadamente su función depurativa, dando lugar a una nefropatía por reflujo. Una de sus consecuencias de la mala funcionalidad de los riñones es la aparición de hipertensión arterial (HTA). Por ello, en los niños con HTA comprobada, una de las pruebas a realizar es la ecografía abdominal, para descartar malformaciones a nivel renal.

Pruebas para detectar el reflujo vesicoureteral en niños

El reflujo vesicoureteral es congénito y como tal está presente desde la época fetal. Por tanto, en muchos casos suele detectarse desde las ecografías prenatales, a partir de la semana 20 de embarazo. En los casos en los que se detecta precozmente, se realiza un seguimiento ecográfico más intensivo durante el embarazo, para ver cuál es la evolución de la dilatación hasta el final de la gestación. Salvo en casos muy graves, no implica que el parto se tenga que adelantar. Una vez nacido el niño, se comprueba el grado de reflujo con una ecografía abdominal. Esta es una prueba de ultrasonidos inocua, que no supone irradiación ni riesgo para el niño.

Cuanto menor es la edad del niño con reflujo, mayor es la posibilidad de que éste conlleve la aparición de una infección del tracto urinario (ITU) febril, que suele ser motivo de ingreso. Durante la estancia en el hospital se suele realizar por protocolo una ecografía abdominal para comprobar la estructura y anatomía del sistema excretor, y así se llega al diagnóstico en los casos en los que no ha sido detectado durante el embarazo.

Además de la ecografía abdominal, existen otras pruebas de imagen que ayudan a catalogar la gravedad de la malformación, concretando así el diagnóstico del reflujo vesicoureteral en los niños:

  • Gammagrafía con DMSA (en inglés ácido dimercaptosuccínico): es una prueba que permite evaluar el estado del parénquima renal (de la estructura del riñón), para detectar la presencia de cicatrices renales. Las zonas que no funcionen adecuadamente captarán menos trazador y serán vistas en la imagen como zonas más claras. Aunque no suele indicarse de rutina, sí que solicita en caso de pielonefritis graves o de evolución tórpida. A diferencia de la ecografía, sí implica una radiación para el niño.
  • Cistografía intravenosa: se realiza cuando no puede hacerse el DMSA. En este caso se administra al niño un contraste en la vejiga que es visible mediante radiografía; cuando se visualiza el contraste ascendiendo desde la vejiga hacia los uréteres, se llega al diagnóstico. Esta técnica es cada vez menos usada y se ha visto desplazada por la gammagrafía con DMSA.

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