Vinculan el MIS-C pos-COVID en niños al debilitamiento de células T

El síndrome inflamatorio multisistémico (MIS-C), una secuela poco frecuente del COVID-19 en los niños, podría deberse a un debilitamiento de las células T, por lo que aumentar estas células inmunes ayudaría a aliviar sus síntomas.
Escrito por: Eva Salabert

23/08/2021

Niño rascándose las muñecas de la mano

El síndrome inflamatorio multisistémico en los niños (MIS-C) es una afección similar a la enfermedad de Kawasaki que desarrollan algunos niños tras superar la infección por SARS-CoV-2, y que afecta a distintas zonas del organismo como el sistema gastrointestinal, la piel y las mucosas y, en los casos más graves –aunque esto es muy poco frecuente–, ataca al corazón y se manifiesta en forma de miocarditis.

Un nuevo estudio publicado en la revista Nature revela que el agotamiento de las células T del sistema inmune a consecuencia de su permanente exposición a los patógenos en los pacientes con MIS-C sería uno de los factores que potenciarían la enfermedad, por ello, y según ha explicado Noam Beckmann, del Centro de Investigación del Hospital Mount Sinaí de Nueva York (Estados Unidos) y uno de los autores del trabajo, “un aumento tanto de las células NK (natural killer o asesinas naturales) como de las células T CD8+ agotadas podría mejorar los síntomas de la enfermedad inflamatoria”.

“Cuando las células T CD8+ se exponen de forma persistente a los patógenos entran en un estado de agotamiento que provoca una pérdida de su eficacia y capacidad de proliferación”

El MIS-C afecta sobre todo a los niños de entre cinco y 12 años de edad, aunque se han reportado casos a otras edades. Empezaron a detectarse casos a medidados de 2020, y algunos pacientes tuvieron que ser ingresados en la UCI. Sus principales síntomas son fiebre elevada (39-40ºC), decaimiento continuado, alteraciones abdominales (deposiciones líquidas y vómitos), exantema (erupción rosácea en la piel) y conjuntivitis.

La sintomatología aparece tras pasar el COVID-19, alrededor de cuatro semanas después de la infección aguda, en un momento en el que la PCR puede dar un resultado negativo porque el virus ya no está activo y el síndrome es una respuesta inflamatoria del organismo y por ello se considera que el MIS-C es una secuela pos-COVID tardía en niños.

Aunque se trata de una secuela extremadamente infrecuente y calificada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como anécdotica, este organismo pidió a centros médicos de todo el mundo que investigaran su relación con el COVID con el objetivo de “caracterizar este síndrome para entender sus causas y efectos”, señaló su director general, Tedros Adhanom Ghebreyesus. Además, la OMS creó un equipo de trabajo internacional para investigar sobre ello. Estos expertos determinaron que el MIS-C ocurre en menos de uno de cada 100.000 niños.

Una potencial diana terapéutica contra el MIS-C

Aunque desde que se detectaron los primeros casos de este síndrome se sugirió que la causa podría ser un factor autoinmune, los genes específicos involucrados, así como las vías y los tipos de células concretas se desconocían. Los investigadores han encotrado nueve reguladores clave de los que se conoce su relación con la funcionalidad de las células NK y las células T CD8+ agotadas. “Uno de esos reguladores, TBX21, es una prometedora diana terapéutica porque sirve de coordinador maestro de la transición de las células T CD8+ de eficaces a agotadas”, ha indicado Beckmann.

El MIS-C asociado al COVID ocurre en menos de uno de cada 100.000 niños

Estos científicos secuenciaron el ARN de muestras sanguíneas de pacientes con MIS-C y, según Beckmann, descubrieron que dos tipos de células inmunitarias: las células asesinas naturales (NK) y las células T CD8+ se encontraban suprimidas. +. “Investigaciones anteriores demostraron que cuando las células T CD8+ se exponen de forma persistente a los patógenos entran en un estado de ‘agotamiento’, lo que provoca una pérdida de su eficacia y capacidad de proliferación”, afirma el investigador.

Se considera así que las células T CD8+, concretamente, se encuentran en este estado de agotamiento, lo que podría debilitar la respuesta inmunitaria inflamatoria. “Además, un aumento de las células NK también se asocia a las células T CD8+ agotadas”. Pablo Rojo, de la Unidad de Enfermedad Infecciosa Pediátrica del Hospital 12 de Octubre de Madrid, y uno de los expertos que ha participado en el grupo de trabajo creado por la OMS recomienda que lo mejor es “prevenir la infección hasta que las vacunas se generalicen”, pero si el niño se ha infectado, es preciso solicitar atención pediátrica en el centro de salud.

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