Los niños pueden desarrollar complicaciones neurológicas del COVID-19

Los niños que se infectan con el coronavirus pueden desarrollar complicaciones neurológicas del COVID-19, que pueden ser leves o graves –como mielitis o encefalitis–, según revela un nuevo estudio de imágenes cerebrales.
Escrito por: Eva Salabert

08/01/2021

Niños: complicaciones neurológicas COVID

Una nueva investigación ha encontrado complicaciones neurológicas asociadas al COVID-19 en niños, que pueden ser leves, o tan graves que les dejen secuelas o incluso les provoquen la muerte. Los autores del trabajo, que se ha publicado en The Lancet Child and Adolescent Health, han explicado que "se identificaron diferentes patrones reconocibles de afectación del cerebro, los nervios craneales y la médula espinal, incluidas las lesiones multifocales T2 en la sustancia blanca del cerebro, patrones vasculíticos con lesiones isquémicas, neuritis o polirradiculitis intensificada, trombosis venosa, lesiones en el esplenio del cuerpo calloso, mielitis longitudinal extensa y miositis".

El estudio sugiere que el SARS-CoV-2 puede impedir las respuestas inmunitarias normales del huésped, favoreciendo coinfecciones que pueden contribuir a una evolución clínica más grave de la infección

En el estudio se analizaron los casos de 38 niños de ocho países que presentaban encefalopatía e infección por SARS-CoV-2 (que representa las fases aguda, subaguda y posinfecciosa) y hallazgos de imágenes neurológicas anormales en la resonancia magnética o la tomografía computarizada. Según los investigadores, ninguno de estos niños tenía afecciones previas significativas; la mayoría tuvo síntomas de COVID-19 leves y se encontraban normales o con algunos déficits neurológicos residuales leves en el último seguimiento.

Lesiones observadas en imágenes neurológicas

En las imágenes neurológicas las manifestaciones que se observaron con más frecuencia en todas las fases y presentaciones del COVID-19 se asemejaban a un patrón de enfermedad parainfeccioso mediado por el sistema inmune que implicaba al cerebro, la columna vertebral, los nervios craneales y las raíces nerviosas.

Aparentemente, las manifestaciones cerebrales fueron más similares a la encefalomielitis aguda diseminada, con "áreas parchadas o confluentes de hiperintensidad en T2 en las sustancias gris y blanca, con o sin difusión reducida o realce", han señalado los investigadores, que también añaden que la fisiopatología exacta de estas anomalías no está clara todavía.

Se produjeron dos casos atípicos de mielitis grave que se observaron en la fase aguda de la enfermedad; uno afectó a un niño sin enfermedades ni comorbilidades preexistentes, que desarrolló mielitis clínicamente catastrófica, que derivó en cuadriplejía permanente. El otro caso de mielitis grave fue el de un niño que murió de encefalitis asociada al coronavirus y tuberculosis fulminante.

Cuatro niños que antes estaban sanos desarrollaron coinfecciones atípicas del sistema nervioso central, que causaron su muerte a pesar del tratamiento agresivo

Los autores del estudio también observaron neuritis, marcada por el realce de los nervios craneales y espinales o de la cauda equina en 12 de los menores (32%), y anomalías similares de los pares craneales también se han detectado en adultos con COVID-19 aguda. Sin embargo, una "observación importante" es que la mejora de los nervios craneales puede suceder en ausencia de los síntomas neurológicos correspondientes, según estos científicos.

En los 11 niños con síndrome inflamatorio multisistémico las lesiones esplénicas y la miositis de cara y cuello fueron los hallazgos predominantes. Los hallazgos en siete niños (18%) podrían caracterizarse como tromboembólicos o vasculíticos, que con frecuencia se manifestaban en el contexto de condiciones comórbidas que podrían causar confusión, como coinfecciones.

Sin embargo, cuatro niños que antes estaban sanos desarrollaron coinfecciones atípicas del sistema nervioso central, que causaron su muerte a pesar del tratamiento agresivo. Dos de ellos desarrollaron infecciones fulminantes por Mycobacterium tuberculosis del sistema nervioso central y no tenían antecedentes conocidos de haber estado expuestos a tuberculosis. En el tercer caso el menor estaba coinfectado con Staphilococcus aureus resistente a meticilina y el virus de la varicela zóster. Y el cuarto era un niño coinfectado con Fusobacterium necrophorum y Streptococcus constellatus, que desarrolló meningitis y vasculitis, y murió de infartos cerebrales multifocales.

"Estos cuatro casos enfatizan la posibilidad de que SARS-CoV-2 impida las respuestas inmunitarias normales del huésped, de modo que las coinfecciones puedan funcionar sinérgicamente, contribuyendo a una evolución clínica más grave de la infección", han advertido los investigadores, que concluyen que "conocer los patrones de neuroimagen de COVID-19 es importante, ya que estos patrones podrían ser la primera indicación de infección por SARS-CoV-2 en niños con anomalías neurológicas".

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