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¿Es el salmón transgénico seguro para el entorno?

Un informe de la Agencia de Alimentación de Estados Unidos (FDA) concluye que el salmón transgénico desarrollado por Aquabounty –al que los ecologistas llaman frankenfish– no es nocivo para el medio ambiente.
Salmón transgénico

28 de Diciembre de 2012

La semana pasada se publicó un informe de la Agencia de Alimentación de Estados Unidos (FDA) en el que este organismo concluye que el salmón transgénico desarrollado por la empresa Aquabounty –un pescado al que los ecologistas llaman frankenfish– no es nocivo para el medio ambiente.

Aquabounty modificó el salmón introduciendo un gen para regular la producción de la hormona del crecimiento propia de los salmones gigantes, de forma que esta hormona no deje de producirse en todo el año (los salmones gigantes no la producen durante el invierno), lo que permite que el pez modificado aumente de tamaño en la mitad del tiempo que necesitaría en condiciones normales.

En 2010, la FDA ya había admitido que este salmón, modificado genéticamente por la compañía estadounidense en 1989, era apto para el consumo humano. Sin embargo, surgió la cuestión de lo que ocurriría en el caso de que algún ejemplar lograra escapar de la piscifactoría y se reprodujese. ¿Cómo afectaría eso a los salmones que se crían en libertad?

Hace décadas que se consumen alimentos procedentes de cultivos modificados genéticamente, pero existen muchas reticencias hacia la cría de animales transgénicos destinados al consumo

Para evaluar el posible impacto ambiental de la nueva especie, la FDA encargó la elaboración de un análisis, que finalizó en mayo aunque no se ha hecho público hasta ahora. Según este informe, que evalúa únicamente las instalaciones que tiene Aquabounty actualmente –en Canadá y en Panamá–, es extremadamente improbable que los animales transgénicos puedan criar en libertad.

Las posibilidades de que esto suceda, de acuerdo a las conclusiones del informe, son mínimas, sobre todo porque la empresa solo cría hembras de salmón esterilizadas, pero ya se advierte que esto no es seguro al cien por cien.

Aunque ya se han desarrollado animales transgénicos para experimentación, y también hace décadas que se consumen alimentos procedentes de cultivos modificados genéticamente, todavía existen reticencias hacia la cría de animales transgénicos destinados al consumo.

Sin embargo, hay que señalar que el 69% del salmón que consumimos actualmente procede de piscifactorías, y a pesar de que los caladeros se encuentran ya sobreexplotados, según estimaciones de la FAO en 2030 será necesario incrementar la producción de pescado en 28,8 millones de toneladas solo para mantener el consumo por habitante.

Tras hacerse público el informe se abre un periodo de dos meses para alegaciones, previo a la posible comercialización del salmón, y en caso de que finalmente se apruebe su consumo, en Europa debería etiquetarse el producto como transgénico, siguiendo la normativa vigente, aunque en Estados Unidos esto no sería necesario.

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