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Descubren cómo afectan las noches en vela a la salud intestinal

Las personas que trabajan de noche y duermen de día suelen ser más susceptibles a la obesidad y los trastornos intestinales. La causa podría estar en unas células inmunitarias sensibles a los cambios en el ritmo circadiano.
Escrito por: Caridad Ruiz

23/09/2019

Trabajadora de noche con problemas intestinales

Una investigación realizada en ratones ha demostrado que el ritmo circadiano, el reloj interno del organismo, controla la función de un grupo de células inmunitarias que están relacionadas con la salud intestinal. Eso explicaría por qué las personas que trabajan de noche o viajan a menudo por zonas con diferentes usos horarios son más propensas a sufrir enfermedades autoinmunes como los trastornos metabólicos o las enfermedades inflamatorias intestinales. El estudio se ha realizado en el Centro Champalimaud, de Lisboa (Portugal) y se ha publicado en la revista Nature.

Nuestro organismo se regula por un reloj interno que ajusta las funciones del cuerpo, como el sueño. Esto es posible porque las células poseen unos genes reloj que siguen el ritmo circadiano e indican a las células en qué momento del día se encuentran para que sepan cómo tienen que actuar: si deben prepararse para recibir alimento o para dormir, por ejemplo. Además, estos relojes están sincronizados entre sí, gracias al ritmo circadiano controlado por nuestro cerebro. Como si tuviesen un reloj interno cada una de ellas, pero todos marcasen la misma hora, de tal forma que les informan si se acerca la hora de comer o de dormir.

En el intestino hay células inmunes sensibles a los cambios horarios

Entre las células inmunes que se encuentran en el intestino, los investigadores descubrieron que las células linfoides innatas tipo 3 (ILC3) son muy susceptibles a los cambios en el ritmo circadiano. 

Cuando se interrumpen los ritmos circadianos, la cantidad de las células ILC3 en el intestino se reduce drásticamente, lo que provoca inflamación y una mayor acumulación de grasa

Las ILC3 se encargan de combatir infecciones y regenerar el epitelio intestinal e intervienen en la regulación de la microbiota y la absorción de la grasa. Durante el día, es decir cuando el organismo está programado para tomar alimentos, el reloj circadiano reduce la actividad de las ILC3 para metabolizar de forma adecuada las grasas, y una vez que ya ha pasado el tiempo de la comida el ritmo circadiano ordena a los ILC3 que regresen al intestino para que se encarguen de luchar contra los gérmenes y de regenerar la mucosa. 
 
En la investigación descubrieron que cuando se interrumpen los “genes del reloj”, la cantidad de las ILC3 en el intestino se reduce drásticamente, lo que provoca una inflamación severa del intestino, el mal funcionamiento la barrera intestinal y una mayor acumulación de grasa. Los científicos también comprobaron que cuando se produce una alteración en el ritmo circadiano del cerebro las ILC3 dejan de expresar una proteína de su membrana que le indica que tiene que acudir al intestino, y por lo tanto no llegan a él. Por eso, las personas que trabajan de noche y que, por lo tanto, tienen alterado su reloj circadiano sufren más de trastornos intestinales.

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