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En 2018 se diagnosticaron 32.825 nuevos cánceres de mama, según los datos del Sistema Europeo de Información del Cáncer. Es el tumor más frecuente en mujeres, pero también el que tiene una tasa de supervivencia más elevada; a los cinco años del diagnóstico, el 82,8% sigue libre del tumor aunque, como afirma la doctora Mireia Margelí, oncóloga del Servicio de Oncología Médica del ICO en Badalona (Barcelona), y vocal de la Junta directiva del Grupo GEICAM de investigación en Cáncer de Mama, “es una enfermedad que a diferencia de otros cánceres puede tener recaídas a largo plazo, a los 10 o 15 años. Las pacientes que debutan en estadios iniciales, alrededor de un 20-30% cursan con el tiempo con metástasis”.

Pero aun así, la prevalencia, es decir, el número de personas que durante un tiempo han padecido o padecen cáncer de mama, alcanzó en 2018 la cifra de 129.929 mujeres. Son miles de mujeres que viven una realidad que hasta hace no muchos años solo podían disfrutar unas pocas: curadas de un cáncer de mama…, pero con secuelas físicas que les dejó el tratamiento de quimioterapia, radioterapia, y el hormonal con tamoxifeno o los inhibidores de la aromatasa, que deben seguir durante cinco o 10 años después las enfermas con tumores hormonodependientes (el subtipo más frecuente).

Cáncer de mama

Como reconocían en el 12º Simposio Internacional del Grupo Geicam de Investigación en Cáncer de Mama la pasada primavera, hasta hace unos años a los efectos secundarios que persisten con el tiempo no se les ha dado la importancia que merecen, “porque con sobrevivir era suficiente”. Pero hay muchas pacientes que han superado un cáncer de mama “a las que el tratamiento de un tumor mamario les ha dejado secuelas físicas o les ha reportado cambios que condicionan su futuro inmediato primero, y su futuro a largo plazo también”, señala la doctora Mireia Margelí.

Por todo ello, “hay que seguir proporcionando calidad de vida a la superviviente de cáncer de mama”, ha señalado Ángela del Río, fisioterapeuta oncológica y profesora e investigadora del Departamento de Fisioterapia de la Universidad Europea de Madrid, y fundadora de la Asociación Española de Linfedema (AEL) en la jornada Claves para las supervivientes del cáncer de mama: fisioterapia y ejercicio físico en la Universidad Europea de Madrid.

“Pueden llevar una vida normal, pero muchas pacientes, fruto de los tratamientos, se encuentran limitadas para hacer la misma vida que llevaban antes de la enfermedad. La incorporación a esa vida similar a la previa va a ser progresiva. Igual que el pelo crece poco a poco, el organismo se recupera gradualmente”, explica la doctora Mireia Margelí.

Muchas de estas secuelas se van a vigilar y controlar en las revisiones periódicas posteriores que se realizan aunque, como explica la doctora Margelí, “se personaliza en función del riesgo que presenta la paciente”. “El protocolo marcado por las guías internaciones señala realizar una mamografía cada año”, añade.

Lucha contra el cáncer de mama

Durante los dos o tres primeros años tras el diagnóstico se recomienda acudir a revisiones cada tres o cuatro meses, en las que se realiza una analítica de sangre. A partir del cuarto y quinto año esas revisiones se espacian, y a partir del 5º se suelen realizar anualmente. Si la mujer se encuentra tomando el tratamiento hormonal, una vez al año debe someterse a una revisión ginecológica y a una densitometría.

Secuelas del cáncer de mama a corto plazo

A corto plazo, es decir, mientras se está con el tratamiento, aunque depende mucho de las características personales y del tipo de tratamiento, estos son los efectos adversos o secuelas más frecuentes que se pueden experimentar:

  • Náuseas y vómitos. Aunque ya se proporciona a los enfermos medicación muy efectiva que evita las náuseas y los vómitos, como antieméticos, a algunas pacientes no les hacen el efecto deseado. En estos casos la acupuntura, la acupresión o las técnicas de relajación, están consideradas como “probablemente efectivas”. Además, conviene evitar las comidas muy condimentadas y ricas en grasas, y tomar los alimentos fríos o a temperatura ambiente.
  • Alteraciones en el gusto: la quimioterapia daña las papilas gustativas de la lengua y el paladar, por lo que es frecuente percibir un sabor a metálico. Generalmente desaparece pocos días después de administrar el quimioterápico.
  • La caída del cabello o alopecia. Los fármacos que se suelen utilizar en quimioterapia –como el docetaxel o la ciclofosfamida– para el tratamiento del cáncer conllevan la caída del pelo, del vello, y en ocasiones de pestañas y cejas. Tres semanas después de administrar la última dosis de quimioterapia empieza a salir una pelusilla, y entre un mes y tres meses después el cabello empieza a crecer.
  • Alteraciones en las uñas de manos y pies. Pueden pigmentarse o decolorarse. En ocasiones se despegan del lecho ungueal y se terminan desprendiendo. Conviene tenerlas bien hidratadas, recortar con mucho cuidado los bordes, y usar guantes para realizar algunas tareas del hogar.
  • Dolor. La quimioterapia, la radioterapia y la cirugía pueden ser el origen de la sensación de dolor. El oncólogo recomendará los fármacos que pueden ayudar a aliviarlo.
  • Astenia o cansancio. Tanto la quimioterapia como la radioterapia provoca sensación de agotamiento físico, que no mejora pese al descanso. Mientras se está con el tratamiento se aconseja, aunque parezca paradójico, realizar ejercicio físico adaptado de forma regular, como caminar al aire libre, u otros deportes. Eso sí, los médicos recomiendan que se cuente con el asesoramiento de un profesional que indique qué actividad física se puede realizar. También conviene intentar mejorar la calidad del sueño reduciendo el consumo de estimulantes, como café o té.
  • Pérdida o ganancia de peso. Las náuseas y la alteración del gusto pueden provocar falta de apetito, con la consiguiente pérdida de peso. Pero también puede ocurrir el efecto contrario: a menudo muchas mujeres experimentan un aumento de peso producido por la inducción a la menopausia y la administración de altas dosis de los corticoides que se recetan para evitar los vómitos. Además, es frecuente que la mujer, por el cansancio, practique menos ejercicio físico. Llevar una alimentación sana, baja en grasas y rica en frutas, verduras y legumbres, y realizar ejercicio físico adaptado ayuda a mantener el peso adecuado.
  • Neutropenia. La quimioterapia provoca una caída importante en la cantidad de leucocitos o glóbulos blancos, sobre todo de los neutrófilos, que son las células de la sangre que combaten las infecciones, por lo que el riesgo de infección es elevado. El punto más bajo de neutrófilos se da entre siete y 14 días después del tratamiento. A partir de entonces empieza a aumentar. Actualmente se prescriben tratamientos farmacológicos, como los factores estimulantes de granulocitos, que estimulan la producción de neutrófilos en la médula ósea, pero aun así, el riesgo de infección es alto y por eso durante el tratamiento de quimioterapia se aconseja a las pacientes evitar el contacto con personas con infecciones activas, o resfriadas, lavarse las manos siempre antes de las comidas, evitar el contacto con las heces de las mascotas, y en caso de presentar fiebre superior a 38ºC acudir a las urgencias del hospital.
  • Mucositis: Es la inflamación de las mucosas, sobre todo de la boca, con aftas o llagas. Suele aparecer una semana después de la quimioterapia, y desaparece entre una y dos semanas después. Conviene lavarse los dientes con un cepillo de cerdas suaves después de cada comida, y realizar enjuagues de agua con bicarbonato sódico.
Mujer luchando contra el cáncer de mama

Secuelas del cáncer de mama a largo plazo

Las pacientes de cáncer de mama suelen presentar otra serie de secuelas a largo plazo, es decir, aquellos problemas de salud o molestias que persisten tiempo después de acabar el tratamiento, como:

En los siguientes apartados describimos cada uno de estos problemas de salud, así como sus síntomas y las opciones terapéuticas disponibles y consejos para sobrellevar sus molestias, aliviar las secuelas del cáncer de mama y sus tratamientos, y mejorar la calidad de vida de las mujeres afectadas.

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