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El sueño libera el hipocampo para poder almacenar nuevos recuerdos

El sueño ayuda a consolidar los recuerdos, ya que dormir tras haber memorizado algo permite liberar el hipocampo de esa información –que se almacena en el neocórtex– dejando espacio para recibir nuevos datos.
Escrito por: Caridad Ruiz

03/05/2019

Hombre durmiendo para liberar el hipocampo y poder almacenar nuevos recuerdos

Científicos del Instituto de Psicología Médica de la Universidad de Tübingen (Alemania) han demostrado una máxima conocida por todo buen estudiante: “lección dormida, lección aprendida”, ya que han demostrado que con el sueño la zona del cerebro conocida como hipocampo se libera de la información que ha memorizado momentos antes, y así deja espacio para nuevos datos.

Para almacenar los recuerdos el cerebro emplea dos regiones: el hipocampo y el neocórtex. En el hipocampo se guardan los datos más recientes y se almacenan a corto plazo, mientras que en el neocórtex se conservan grandes cantidades de información durante mucho tiempo. Los investigadores de la universidad alemana estudiaron cómo interactúan estas áreas cerebrales en la consolidación de nuevos recuerdos y qué papel desempeña el sueño en ese proceso. Los resultados de este trabajo se han publica en la revista Science Advances.

El funcionamiento del cerebro se vio a tiempo real

Para realizar su estudio, los científicos usaron técnicas de neuroimagen que permiten ver el funcionamiento del cerebro en el momento. Con ellas se demostró que cuando se aprende algo de forma repetida, como una lista, enseguida se establecen nuevos rastros de memoria en el neocórtex. Pero este aprendizaje solo queda fijado en la memoria tras una fase de sueño, y si no es así el cerebro recurre al hipocampo para que se almacenen a largo plazo los nuevos contenidos de memoria.

Para aprender no basta con repetir algo, porque aunque esta acción puede dejar rastros de memoria para que los datos se almacenen es imprescindible dormir

En la investigación, 32 participantes tuvieron que estudiar una lista de palabras que repitieron siete veces. Mientras realizaban esta tarea se empleó una resonancia magnética para registrar la actividad cerebral. A continuación, la mitad de los sujetos se echó a dormir, mientras que el resto permaneció despierto.

Doce horas después, todos repitieron el ejercicio con las palabras ya aprendidas y con una nueva lista de vocablos. Cuando los que habían permanecido dormidos enumeraron las palabras que habían aprendido en primer lugar, se observó que durante una hora se producía actividad en la corteza parietal posterior, una zona del neocórtex. En cambio, la participación del hipocampo disminuyó.

Dormir para almacenar información a largo plazo

Según una de las investigadoras, Monika Schönauer, esto indica que en el neocórtex se forman enseguida rastros de memoria. Además, en la corteza parietal hay más actividad cuando se repiten palabras aprendidas doce horas antes que cuando se acaban de retener, lo que indica que esas huellas de memoria son estables a largo plazo.

Pero el hipocampo no se involucró cuando el sujeto había dormido varias horas tras la primera sesión. Si los participantes habían permanecido despiertos era necesaria la intervención del hipocampo, tanto para repetir las palabras aprendidas horas antes, como las nuevas; es decir, que para aprender no basta con repetir algo porque esta acción puede dejar rastros de memoria, pero para que los datos se almacenen es imprescindible dormir.

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