Cigarrillo electrónico
El uso del cigarrillo electrónico como remedio para dejar de fumar se puso de moda hace unos años, pero sigue generando dudas y polémica entre la comunidad científica. Conoce sus pros y sus contras para que tú mismo decidas.

Argumentos a favor del cigarrillo electrónico

Actualizado: 5 de mayo de 2023

El cigarrillo electrónico se ha convertido en los últimos años en el primer recurso que utilizan la mayoría de los fumadores que desean aparcar el tabaco de sus vidas o, por lo menos, reducir la cantidad que consumen diariamente. Muchos consideran que se trata de un dispositivo ineficaz para conseguir ese objetivo, sin embargo, también muchas voces reivindican su uso como terapia para decir adiós para siempre a ese vicio.

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Quienes están a favor, aseguran que el e-cigarette ayuda realmente a dejar de fumar y que la cantidad de sustancias nocivas que lo componen es prácticamente imperceptible. Sus argumentos a favor del cigarrillo electrónico son los siguientes:

  • Sí son útiles para dejar de fumar: para los defensores del cigarrillo electrónico, estamos ante una solución eficaz para abandonar el consumo de tabaco. Algunos estudios apuntan en esa dirección; por ejemplo, en 2010, una investigación publicada en la revista Tobacco Control mostró su validez para controlar el síndrome de abstinencia. La British Medican Association (BMA) considera que “existen claros y potenciales beneficios en el uso de cigarrillos electrónicos para reducir los daños asociados con el tabaquismo y un consenso cada vez mayor de que son significativamente menos dañinos”, y la Academia Nacional de Medicina de Francia también se ha posicionado a favor del vapeo para frenar o disminuir el consumo de tabaco.

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  • Son más eficaces que otros remedios: existen en el mercado múltiples opciones terapéuticas para dejar de fumar, entre ellos los parches o los chicles de nicotina. La revista The Lancet publicó el año pasado una investigación que llegó a la conclusión de que los e-cigarettes eran más efectivos que los parches para dejar de fumar, y añadía que no hay diferencia entre unos y otros en cuanto a los efectos adversos que causan. Otro trabajo publicado en The New England Journal of Medicine en 2019 también concluía que el uso de estos dispositivos era más útil para abandonar el hábito tabáquico que la terapia de reemplazo de nicontina.
  • Se absorbe menos nicotina que con los cigarros convencionales: la cantidad de nicotina que hay en los cartuchos de los cigarrillos electrónicos varía entre cero y 24 miligramos por mililitro. Como la composición viene indicada en las cajas de los depósitos, el ‘vapeador’ puede, por tanto, escoger entre una mayor o menor dosis de nicotina.

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  • Contiene menos aditivos: según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) en el humo del tabaco convencional puede haber más de 7.000 sustancias químicas, mientras que el aerosol del cigarrillo electrónico contiene menos sustancias químicas tóxicas, aunque también puede incluir algunas que son perjudiciales o potencialmente perjudiciales, como la nicotina.
  • No hacen daño a quienes se encuentran cerca: según los adeptos al cigarrillo electrónico, ningún estudio ha podido demostrar fehacientemente que los vapores que salen del dispositivo sean perjudiciales para las personas que están cerca del ‘vapeador’. Pero un informe del Ministerio de Sanidad de 2022 advierte, sin embargo, que “están aumentando las evidencias sobre el efecto que puede tener sobre las personas la exposición pasiva al aerosol del cigarrillo electrónico”. Y que hay estudios recientes que “apuntan a que, debido a las sustancias cancerígenas que se liberan en la combustión de este tipo de líquidos, existe un riesgo de carcinogénesis en las personas que se ven expuestas a su aerosol”.

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  • Es menos dañino que los cigarros convencionales: uno de los principales argumentos para defender el uso de los cigarrillos electrónicos es que, en cualquier caso, siempre serán menos perjudiciales para la salud que el tabaco. Un estudio del departamento de Cardiología del Centro Onassis de Atenas, presentado en 2012, reflejaba entre sus conclusiones una diferencia significativa entre la presión arterial que producen los cigarrillos convencionales y los electrónicos.

Por todos estos motivos, una parte del sector científico demanda que se incluya al cigarrillo electrónico entre los recursos terapéuticos que existen actualmente para abandonar el hábito de fumar o como estrategia para reducir los daños que causa el tabaco.

Creado: 20 de junio de 2014

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