Uno de cada 8 pacientes COVID tiene secuelas de la enfermedad

Uno de cada ocho adultos infectados por coronavirus sufre COVID persistente, según un estudio que identifica sus síntomas centrales, como dolor torácico o muscular, dificultad para respirar, pérdida del gusto y el olfato y fatiga.
Escrito por: Eva Salabert

05/08/2022

COVID persistente en 1 de cada 8 adultos

Una de cada ocho personas adultas (el 12,7%) que se infecta con el coronavirus SARS-CoV-2 experimenta síntomas a largo plazo, lo que se conoce como COVID persistente, según ha encontrado un nuevo estudio realizado en Países Bajos en el que han participado 76.422 individuos con una edad media de 53,7 años, de los que el 60,8% eran mujeres, y que se acaba de publicar en la prestigiosa revista científica The Lancet.

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La profesora Judith Rosmalen de la Universidad de Groningen y autora principal del estudio, ha explicado: “Nuestro enfoque de estudio analiza los síntomas que se asocian con mayor frecuencia con la COVID prolongada, incluidos los problemas respiratorios, la fatiga y la pérdida del gusto y olfato, tanto antes de un diagnóstico de COVID-19, como en personas que no han sido diagnosticadas con COVID-19. Este método nos permite tener en cuenta los síntomas preexistentes y los síntomas en personas no infectadas para ofrecer una definición de trabajo mejorada para COVID prolongado y proporcionar una estimación confiable de la probabilidad de que el COVID-19 dure en la población general”.

Los investigadores compararon la frecuencia de síntomas nuevos o considerados graves en un grupo de población que no se había infectado con el coronavirus, con personas a las que se les había diagnosticado COVID-19, lo que permitió hacer una estimación más fiable de la prevalencia del COVID prolongado que en estudios anteriores. Los datos se recopilaron a través de cuestionarios digitales sobre 23 síntomas que se suelen asociar con el COVID-19 prolongado.

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Este cuestionario se envió 24 veces a las mismas personas entre marzo de 2020 y agosto de 2021, lo que significa que los participantes que tenían COVID-19 durante este tiempo se habían infectado con la variante alfa del SARS-CoV-2, o variantes anteriores. La mayoría de los datos se recogieron antes de que se lanzaran las vacunas contra el COVID-19 en los Países Bajos, por lo que el número de participantes vacunados era insignificante y no se tuvo en cuenta.

Los participantes se registraron como COVID-19 positivos si tenían una prueba positiva o un diagnóstico médico de COVID-19. De 76.422 participantes, 4.231 (5,5 %) individuos con COVID-19 se compararon con 8.462 controles teniendo en cuenta el sexo, la edad y el tiempo de cumplimentación de los cuestionarios que indicaban un diagnóstico de COVID-19.

“Estos síntomas centrales tienen implicaciones importantes para futuras investigaciones, ya que pueden usarse para distinguir entre la condición posterior a COVID-19 y los síntomas no relacionados con COVID-19”

De los participantes que habían presentado datos de síntomas previos al COVID, encontraron que el 21,4% de los participantes positivos para la COVID-19, en comparación con el 8,7% del grupo de control, experimentaron al menos un aumento de los síntomas centrales de gravedad moderada tres meses o más después de la infección, lo que significa que en el 12,7% de los pacientes con COVID-19, sus síntomas nuevos o cuya gravedad aumentó tres meses después del COVID pueden atribuirse a la infección por SARS-CoV-2.

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Síntomas centrales del COVID persistente

Los investigadores también analizaron los síntomas de los participantes antes y después de la infección por SARS-CoV-2, y esto les permitió identificar los síntomas centrales del COVID persistente: dolor torácico, dificultad para respirar, dolor al respirar, dolor muscular, pérdida del gusto y el olfato, hormigueo en las extremidades, nudo en la garganta, sensación de calor y frío, pesadez en brazos o piernas y cansancio general.

La gravedad de estos síntomas se estabilizó a los tres meses de la infección y no se redujo más. Otros síntomas que no aumentaron significativamente de tres a cinco meses tras un diagnóstico de COVID-19 incluyeron dolor de cabeza, picores de ojos, mareos, dolor de espalda y náuseas. Aranka Ballering, candidata y primera autora del estudio ha explicado: “Estos síntomas centrales tienen implicaciones importantes para futuras investigaciones, ya que pueden usarse para distinguir entre la condición posterior a COVID-19 y los síntomas no relacionados con COVID-19”.

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Ballering añade: “Al observar los síntomas en un grupo de control no infectado y en individuos antes y después de la infección por SARS-CoV-2, pudimos explicar los síntomas que pueden haber sido el resultado de aspectos de salud de enfermedades no infecciosas de la pandemia, como el estrés causado por las restricciones y la incertidumbre”.

La profesora Judith Rosmalen concluye: “La investigación futura debe incluir síntomas de salud mental (por ejemplo, depresión y síntomas de ansiedad), junto con síntomas pos-infecciosos adicionales que no pudimos evaluar en este estudio (como confusión mental, insomnio y malestar pos-esfuerzo). No pudimos investigar qué podría causar ninguno de los síntomas observados después de COVID-19 en este estudio, pero esperamos que investigaciones futuras puedan brindar información sobre los mecanismos involucrados. evaluar el efecto de la vacunación contra la COVID-19 y las diferentes variantes del SARS-CoV-2 en los síntomas prolongados de la COVID-19. Esperamos que los estudios futuros proporcionen respuestas sobre los impactos de estos factores”.

Actualizado: 8 de agosto de 2022

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