La ciencia de la siesta: identifican genes que regulan su frecuencia

Los genes influyen en la tendencia a dormir la siesta y la frecuencia con la que se hace, según un estudio que también ha descubierto factores que asocian este hábito con la salud cardiovascular que dependen de la genética.
Escrito por: Eva Salabert

12/02/2021

Hombre echándose la siesta

Dormir la siesta es un hábito muy saludable según diversos estudios científicos, que lo han relacionado con beneficios como mejorar la agilidad mental, facilitar la toma de decisiones, o reducir el riesgo cardíaco, en el caso de los adultos, o con consolidar la memoria o favorecer el proceso emocional en los niños. Pero hasta ahora, pocos trabajos habían indagado en el por qué unas personas tienden a sestear con mayor o menor frecuencia.

Es precisamente en lo que ha indagado en la investigación más amplia sobre este tema, que ha sido liderada por científicos del Massachusetts General Hospital (MGH) –un centro vinculado a la Harvard Medical School– y el equipo de la investigadora de la Universidad de Murcia Marta Garaulet, catedrática de Fisiología y experta en cronobiología. Sus resultados se han publicado en NatureCommunications.

Así, este nuevo estudio ha comprobado que la frecuencia con la que se duerme la siesta depende en parte de los genes y ha identificado docenas de regiones genéticas que determinan la tendencia de una persona a tener esta costumbre. También ha encontrado ciertos factores que evidencian de forma preliminar que este hábito estaría relacionado con la buena o mala salud cardiovascular en función de la genética de cada individuo.

“Dormir la siesta está determinado biológicamente y no es solo un comportamiento determinado por el entorno o una opción personal”

Marta Garaulet, coautora del trabajo, afirma que gracias a la información recabada “entendemos por qué hay personas que, después de comer, necesitan descansar, mientras otros teniendo la misma oportunidad de dormir la siesta, no lo hacen, incluso aunque lo intenten, no lo consiguen, y es que dormir la siesta está determinado en parte por nuestros genes. La genética también nos ayuda a comprender por qué para algunos la siesta es beneficiosa y para otros no lo es. Este estudio sugiere que en el futuro quizás se puedan establecer recomendaciones personalizadas sobre si dormir o no siesta; y sobre la frecuencia o la duración, en función de la genética del individuo”.

 

Tres subtipos de personas con predisposición a dormir la siesta

 

Los investigadores han analizado datos genéticos registrados en el UK Biobank (que incluye información genética de 452.633 personas) y de estilo de vida que también se asocian con otros hábitos del sueño, ya que a los participantes también se les preguntó si dormían la siesta durante el día ‘nunca / ocasionalmente’, “a veces” o “habitualmente”.

 

Un subgrupo de los participantes llevó acelerómetros, unos dispositivos que monitorean la actividad y proporcionan datos sobre el tiempo que permanece en reposo una persona a lo largo del día, lo que puede ser indicador de siesta y aporta más solidez a los resultados.

El análisis les ha permitido identificar fundamentalmente genes relacionados con el insomnio, la duración del sueño y la tendencia a ser un gran madrugador. De esta forma, han conseguido identificar al menos tres subtipos de individuos cuya genética influye en que tengan más predisposición a dormir la siesta:

  • Propensión al sueño: ciertas personas están genéticamente predispuestas a dormir la siesta porque necesitan más tiempo de descanso que otras.
  • Sueño ligero: aquellos que no logran un descanso reparador la noche previa y necesitan la siesta para completar dicho descanso.
  • Grandes madrugadores: individuos con tendencia a despertarse muy temprano y que gracias a la siesta recuperan las horas que no han dormido por la noche.

Estos tres mecanismos genéticos influyen en el hábito de la siesta y, según ha explicado Iyas Daghlas, investigador de la Harvard Medical School y coautor del trabajo, “esto nos dice que dormir la siesta está determinado biológicamente y no es solo un comportamiento determinado por el entorno o una opción personal”.

Los autores del estudio observaron también que algunos de los subtipos genéticos de ‘dormidores de siesta’ presentaron factores de riesgo para su salud cardiometabólica, como obesidad abdominal o hipertensión, aunque según indican estos científicos sería necesario investigar más profundamente estas asociaciones para extraer conclusiones definitivas.

Marta Garaulet ha recordado también que el estudio se ha realizado con una población inglesa, cuyo estilo de vida y genética son diferentes a los de la población española, por lo que se deberían confirmar los resultados en España antes de hacer recomendaciones sobre la siesta en nuestro país.

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