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Dormir la siesta una o dos veces a la semana reduce el riesgo cardiaco

Echarse la siesta una o dos veces a la semana podría ayudar a reducir hasta un 48% el riesgo de desarrollar alguna enfermedad cardiovascular, como un ataque cardíaco o un accidente cerebrovascular.
Escrito por: Natalia Castejón

12/09/2019

Mujer durmiendo una siesta para reducir el riesgo cardíaco

Muchas investigaciones han analizado los efectos de dormir la siesta, con conclusiones en algunos casos positivas, como que puede ayudar a controlar la presión arterial, y otras negativas, como que aumenta el riesgo de diabetes tipo 2 y obesidad. Ahora, un nuevo estudio observacional ha encontrado una relación entre la frecuencia con la que se duerme durante el día y la probabilidad de desarrollar una enfermedad cardiovascular.

El trabajo, que se ha publicado en la revista Heart, ha sido llevado a cabo gracias a un grupo de 3462 personas de entre 35 y 75 años a las que se les monitoreó su salud durante cinco años y se les preguntó sobre sus rutinas de siesta. El 58% de ellas declaró que no la dormían, el 19% que lo hacía una o dos veces a la semana, el 12% entre tres y cinco ocasiones, y el 11% restante disfrutaba este tipo de descanso entre seis y siete veces.

Hombres mayores y fumadores, los que más siestas dormían

Durante el tiempo de estudio hubo 155 casos de enfermedades cardiovasculares entre los participantes. Los investigadores comprobaron que los que más siestas dormían eran hombres mayores, con más peso, fumadores, y que dormían más durante la noche, en comparación con los que no tenían este hábito de descanso, y que los individuos que se echaban la siesta de manera frecuente –entre tres y siete veces a la semana– presentaban más somnolencia diurna y más casos de apnea obstructiva del sueño.

Los individuos que dormían la siesta entre tres y siete veces a la semana tenían más somnolencia diurna y más riesgo de apnea del sueño

Los resultados generales dejaron ver que echar la siesta una o dos veces a la semana podría reducir un 48% el riesgo de tener un problema cardiovascular, tal como un ataque al corazón, un ictus o una insuficiencia cardiaca, en comparación con los que nunca echaban siesta, y que esta asociación se mantuvo tras tener en cuenta aspectos que podrían influir como la edad, el sueño nocturno, los niveles de colesterol y la hipertensión.

Sin embargo, el carácter observacional del estudio ha sido uno de los grandes inconvenientes, además del hallazgo de que el 67% de aumento de riesgo cardiovascular que se observó inicialmente en los participantes que echaban la siesta con frecuencia prácticamente desapareció cuando se tuvieron en cuenta los mencionados factores que potencialmente podían influir. Tampoco se estableció el tiempo de sueño, por lo que se desconoce cuánto deben durar las siestas para que proporcionen beneficios a la salud cardíaca.

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