Un sueño fraccionado aumenta el riesgo de aterosclerosis e ictus

Dormir mal y con interrupciones del sueño durante la noche provoca una inflamación en el organismo, que a la larga aumenta el riesgo de padecer enfermedades cardiacas o accidentes cerebrovasculares, como aterosclerosis o ictus.
Escrito por: Natalia Castejón

05/06/2020

Un sueño fraccionado aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares

Un buen descanso nocturno es clave para tener una buena salud, pues no dormir lo suficiente o despertarse durante la noche puede provocar enfermedades. Un nuevo estudio realizado por miembros de la Universidad de California en Berkeley ha encontrado que las personas que tienen un sueño fragmentado tienen más riesgo de desarrollar aterosclerosis y más probabilidades de sufrir un accidente cerebrovascular como un ictus.

En la investigación, que se ha publicado en la revista PLOS Biology, se analizó la calidad del sueño de más de 1.600 personas mediante la polisomnografía y actigrafía –un sistema de detección de movimiento instalado en la muñeca similar al usado en las pulseras de actividad– y se realizó un recuento de las células sanguíneas estándar para obtener los niveles de monocitos y neutrófilos, dos tipos de glóbulos blancos que alertan de una inflamación.

Los participantes que durmieron mal tenían más cantidad de neutrófilos –lo que indica inflamación– y más calcio en las arterias coronarias, propio de la aterosclerosis

Los autores descubrieron que un sueño fraccionado aumentaba la señalización inflamatoria, pues aumentan los neutrófilos pero no los monocitos, y producía un incremento en el calcio de las arterias coronarias, un rasgo característico de la aterosclerosis. Estos resultados revelan que dormir mal provoca una inflamación en el organismo que a la larga aumenta el riesgo de padecer enfermedades cardiacas o accidentes cerebrovasculares.

Mejorar el sueño para reducir el riesgo de problemas cardiovasculares

Los resultados se mantuvieron prácticamente iguales después de tener en cuenta otros factores como la edad, el índice de masa corporal (IMC), el origen étnico, la presión arterial o el tabaquismo, entre otros. Sin embargo, no se encontró ninguna asociación cuando los propios participantes informaron de la calidad de su sueño, lo que sugiere que pedir a las personas que valoren su propio descanso puede no resultar útil para evaluar su riesgo de desarrollar problemas cardiovasculares asociados al sueño.

Por tanto, según explica Matthew Walker, uno de los autores de la investigación, si se consigue mejorar el sueño de las personas, proporcionándoles una información y unas pautas de salud pública adecuadas, se podría ayudar a reducir los niveles de inflamación y, por tanto, minimizar los riesgos de aterosclerosis y otros problemas cardiovasculares.

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